Aunque operan sobre infraestructuras diferentes, las utilities de electricidad, agua y gas comparten hoy una misma necesidad. Todas ellas precisan aprovechar mejores redes que se vuelven cada vez más complejas, y hacerlo con mayores niveles de eficiencia y confiabilidad.
Entre todos estos sectores, el eléctrico es el que evidencia una mayor presión. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), la demanda mundial de electricidad crecerá a un promedio de 3,6% anual entre 2026 y 2030, impulsada por la electrificación industrial, los vehículos eléctricos, la climatización y el crecimiento de los centros de datos. Al mismo tiempo, más de 2.500 GW de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes cargas se encuentran a la espera de conexión a las redes eléctricas.
¿Cómo se resuelve esta encrucijada? Construir más infraestructura no puede ser la única solución. La IEA estima que la inversión anual en redes eléctricas debería aumentar alrededor de 50% respecto de los U$S 400 mil millones actuales; además, planificar, habilitar y construir nueva infraestructura de red puede requerir entre cinco y quince años. Por lo tanto, la clave es utilizar mejor la infraestructura que ya existe.
(a nivel mundial por sector y uso final, 2015-2030)
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Una red tradicional está compuesta por miles o millones de activos distribuidos, que incluyen transformadores, subestaciones, líneas, válvulas, bombas, cañerías y medidores. Pero la infraestructura física, por sí sola, no necesariamente ofrece visibilidad sobre lo que ocurre en cada punto.
La incorporación de sensores, conectividad y telemetría agrega una capa de información sobre esa infraestructura. Con ella es posible conocer qué está pasando, dónde, cuándo y cómo está evolucionando un evento.
Conectar dispositivos es apenas el punto de partida. El salto real se concreta al integrar sus datos para construir una infraestructura observable y capaz de producir información operacional de manera continua.
Así, IoT industrial ofrece una infraestructura distribuida de sensado para mejorar la toma de decisiones sobre la operación de la red.
En su función más básica, el medidor registra el consumo y genera datos para la facturación. Con conectividad y analítica, ese rol se amplía para habilitar también el análisis, la detección y la acción.
El dato de consumo puede así adquirir valor operacional al integrarse con información sobre patrones de demanda, anomalías y variaciones registradas a lo largo de la red.
Esta evolución requiere que la inteligencia de la red ya no resida exclusivamente en un centro de control. En las redes eléctricas inteligentes (smart grids) parte de la capacidad de procesamiento y decisión empieza a acercarse al lugar donde ocurre el evento. Deloitte describe arquitecturas híbridas que combinan edge, cloud y sistemas on-premise. Según el caso de uso, este enfoque puede reducir la latencia y habilitar decisiones en milisegundos.
En las redes de gas, los sensores y actuadores permiten obtener información prácticamente en tiempo real o con una frecuencia de actualización adecuada para cada proceso. Esta capacidad favorece el paso desde una lógica basada en inspeccionar, detectar y reparar, hacia otra de monitoreo continuo, identificación de anomalías, priorización e intervención.
En estas industrias, una mayor capacidad de medición puede traducirse en menores pérdidas. Medidores inteligentes, sensores de presión y telemetría ayudan a identificar consumos anómalos, fugas y pérdidas por sector, y a detectar condiciones que anticipen un problema antes de que sea necesario intervenir.
En el caso del agua, la digitalización puede ser especialmente relevante para reducir pérdidas. El Banco Mundial estima que, en países emergentes y en desarrollo, aproximadamente 40% del agua suministrada se pierde o no se contabiliza.
Para que esta evolución realmente se materialice, los despliegues de IoT industrial tienen que dejar de funcionar como una colección de proyectos independientes. La secuencia que empieza en los sensores debe continuar con conectividad, telemetría, datos, analítica, predicción y finalmente acción.
La inteligencia artificial puede ayudar a priorizar intervenciones, anticipar fallas o mejorar la respuesta ante incidentes, pero necesita una infraestructura de datos que le permita interpretar lo que sucede en el mundo físico.
La próxima ola de eficiencia de las utilities dependerá de convertir millones de señales distribuidas en capacidad operativa. Para ello, los activos cuya conectividad aporte valor operacional deben generar y transmitir información útil.
La digitalización de las utilities permite medir más, ganar visibilidad sobre la infraestructura y actuar antes y con mayor precisión. En Plusmo acompañamos esta evolución con una propuesta de servicios IoT basada en tarjetas SIM y eSIM gestionables desde una plataforma centralizada.